Plantas Madre
- 11 may 2015
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Hacer una planta madre es algo realmente sencillo, nos ayudará a mantener esa genética que tanto nos gusta o algún fenotipo específico que no queremos perder. La producción de esquejes de marihuana variará en función de los cuidados que a dicha planta destinemos, siendo relativamente sencillo obtener decenas de esquejes en cada tanda si realizamos podas selectivas durante su crecimiento, buscando ramificar la planta al máximo y aumentando con ello el número de ramas disponibles para tal fin.

El punto más importante a la hora de realizar una planta madre es controlar el periodo lumínico, manteniéndolo siempre a dieciocho horas de luz y seis de oscuridad o directamente a veinticuatro horas continuas de luz, evitando así que la planta entre en floración.
Dependiendo de las dimensiones de la planta madre usaremos más o menos lúmenes. Por poner un ejemplo: una planta madre en un contenedor de tres litros puede mantenerse perfectamente bajo una bombilla de bajo consumo de diez o quince watios. En el momento que queramos aumentar el ritmo de crecimiento bastará con aumentar el número de watios aportando así más lúmenes a la planta que estimularán su crecimiento.
El número de esquejes que obtendremos de cada planta madre variará dependiendo del tamaño de la misma y de las podas selectivas que le hayamos realizado. De forma que si queremos una planta que nos aporte muchos esquejes por tanda, procuraremos mantenerla en un contenedor medio de cinco o siete litros, con una iluminación buena y realizando podas clave para que sea lo más ramificada posible.
Obteniendo así un gran número de esquejes. Si por el contrario sólo queremos mantener la genética por si algún día queremos sacarle un par de esquejes, bastará con un pequeño contenedor y una mínima iluminación, sin necesidad de realizar ninguna poda especial, incluso podemos realizar madres bonsai para que ocupen el mínimo espacio posible.

Si cada vez que cortamos una rama para usarla como esqueje dejamos por debajo del corte un nudo, de éste saldrán dos nuevas ramas. Si tras cortar estas nuevas ramas les dejamos otro nudo por debajo del corte obtendremos cuatro nuevas ramas asegurándonos así una producción continua de nuevas ramas y aumentando constantemente el número de éstas. Es por ello que realizar unas buenas podas mientras formamos nuestra planta madre nos garantizará un buen número de esquejes.
En función del tamaño final que queramos para nuestra planta madre usaremos un contenedor de más o menos capacidad, siendo lo habitual en plantas madre de indoor de tamaño mediano unos tres o cinco litros. Cuando la planta madre ha colonizado por completo el contenedor, es conveniente realizar una poda de raíces para evitar que entre en floración.
En contenedores medios suele darse cada tres o cuatro meses y bastará con segar la parte inferior del cepellón y un poco las raíces laterales del mismo, con cuidado de no cortar la base de la planta. Aprovechando la poda podremos sustituir gran parte del sustrato por uno nuevo rico en nitrógeno, aportándole así buenos nutrientes y eliminando el viejo sustrato saturado en sales.
La poda de raíces es obligatoria si queremos mantener bien nuestras plantas madre, ya que cuando las plantas colonizan todo el contenedor y se quedan sin espacio para desarrollar nuevas raíces tienden a entrar en floración independientemente del ciclo lumínico que tengan.
El abonado de las plantas madre irá en proporción del consumo de nutrientes de la mismas, ya que si tenemos unas plantas madre bajo una buena iluminación y aportando constantemente un número elevado de esquejes, éstas demandarán más nutrientes que cualquier otra planta madre que simplemente mantengamos bajo escasa iluminación y poco crecimiento. Usaremos siempre un abono de crecimiento rico en Nitrógeno, aunque lo mejor es abonarlas sólo cuando comencemos a notar alguna carencia, evitando así fertilizaciones excesivas e innecesarias.

Otro punto a tener en cuenta para mantener unas plantas madre en óptimas condiciones, es mantener unos parámetros de temperatura y humedad estables, siendo las condiciones óptimas para interior una temperatura media de veinticuatro grados y una humedad relativa constante entre el sesenta y el setenta por ciento. Con los puntos citados hasta el momento y aplicando de vez en cuando algún preventivo natural para evitar plagas de insectos u hongos, tendremos unas plantas madre sanas y eficientes. Si partimos desde semilla dejaremos que la planta crezca hasta tener unos cuatro nudos, realizando entonces una poda apical (cortando la punta de la planta), estimulando así el crecimiento de las ramas laterales.
Si partimos de esqueje bastará con dejar un par de nudos antes de realizar la poda apical. La diferencia entre partir de semilla o esqueje es sólo el número de nudos a dejar, ya que partiendo desde semilla podaremos por completo los dos primeros nudos usando los dos siguientes para moldear nuestra planta madre.
Una vez que se han desarrollado las ramas, teniendo unos tres o cuatro nudos por rama, doblaremos éstas y les aplicaremos también una poda apical para estimular las ramas de los nudos y obtener así una madre bien ramificada. Haremos lo mismo con las ramas del nudo inferior cuando se hayan desarrollado bien, ya que éstas suelen ir un poco más lentas.

Al doblar las ramas facilitaremos la absorción de lúmenes de los pequeños brotes de los nudos más pegados al tallo, obteniendo así un crecimiento homogéneo de todas las ramas.
Tal y como hemos comentando anteriormente, cuando crezcan estas nuevas ramas y las cortemos para obtener esquejes, dejaremos siempre como mínimo un nudo por debajo de cada corte, asegurándonos así dos nuevos brotes por corte. Como en todo, existen muchísimas formas de realizar las podas que determinarán la producción de esquejes de nuestras plantas madre, al igual que muchísimas técnicas del moldeado y mantenimiento. Ésta que hemos mencionado es de las más sencillas y eficientes.











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